Narrado por Eryon
No he dormido bien desde que Finn desapareció.
El castillo sigue en pie, la manada sigue obedeciendo, el consejo sigue exigiendo calma… pero yo siento un hueco en el pecho que no se llena con órdenes.
En la sala de mapas, Aria intenta hablarme con cuidado, como si yo fuera una herida abierta.
—Mi Alfa… enviar una comisión de betas es suficiente —dice—. Tú no tienes que ir.
Yo clavo la mirada en el punto donde el muro separa nuestros territorios.
—Sí tengo que ir.
Aria frunce el ceño.
—Eryon…
—Es Finn —le corto—. Es un niño. Y es parte de mi manada.
Aria respira hondo, molesta, pero no se atreve a pelearme de frente.
—Si vas a cruzar… voy contigo.
—No —respondo sin dudar—. Te quedas.
Su expresión cambia. Se endurece.
—¿Por qué?
—Porque alguien debe sostener el reino mientras yo esté fuera —digo—. Y porque el consejo no confiará en nadie más.
Aria se queda quieta. Luego baja el tono, más personal.
—Prométeme que solo irás por Finn y regresarás.
—Te lo prometo.
La palab