Narrado por Myra
Cassian tiembla en la cama como si la fiebre lo estuviera quemando por dentro. Tiene la camisa abierta y el vendaje improvisado ya está empapado. Violeta se quedó en la puerta, con el rostro pálido, pero sin llorar. Don Alaric está de pie a un lado, serio, mirando cada movimiento mío.
Yo respiro hondo y me obligo a pensar como enfermera.
—Necesito luz —pido en voz baja.
Un sirviente acerca una lámpara. Me arrodillo junto a la cama. Cassian aprieta la mandíbula, pero no se queja