Dracovish se deslizaba entre los árboles con una agilidad felina. Había seguido rastros casi imposibles de percibir: huellas ligeras, fragmentos de energía que el viento no había borrado del todo. Todo lo llevaba hacia un territorio prohibido, uno del que se hablaba en susurros entre los vampiros: el reino oculto de las hadas.
Cuando atravesó un arco de raíces, la visión lo golpeó como un puñal de belleza. El reino se desplegaba ante sus ojos con un fulgor sobrenatural: torres cristalinas, casc