El eco de los pasos resonaba en los pasillos subterráneos del castillo. Lucien guiaba a Eliana hacia un lugar donde jamás había estado: la cámara del consejo vampírico. El aire se volvía más frío a medida que descendían, como si la piedra misma susurrara secretos antiguos.
—Escucha y no hables —le advirtió Lucien, con el rostro imperturbable—. Aquí decidirán cosas que tal vez no quieras oír.
Al cruzar el umbral, Eliana se encontró en una sala circular iluminada solo por antorchas negras. En el c