Observo con angustia cómo el incendio consume todo lo verde a metros de distancia, mientras mi Alfa se prepara para intervenir. Me acerco a él, preocupada por su seguridad, lo veo vestirse, rapidamente y no alcanzamos a dormir juntos como tanto el queria.
—¿Para dónde vas?—me angustio.
—Tengo que detener lo que está pasando —me responde con determinación—. Está afectando a todos en la manada, y no puedo permitir que siga así.
—Espérate, acompáñame —le digo, dispuesta a seguirlo.
—No —me respond