Kaelos nos observa desde la distancia, con una sonrisa burlona en su rostro, mientras María y yo llegamos al límite de la fortaleza con el lobo cautivo.
—¿Qué pasa, chicas? ¿Se fueron a instalar a su mamá o a cazar? —dice Kaelos, mirando al lobo con desdén.
María se detiene y mira a Kaelos con una expresión enfadada.
—¿Qué te importa a ti, Kaelos? —responde María, con un tono de voz cortante—. ¿No tienes nada mejor que hacer que molestar?
Kaelos, el hermano de mi prometido se acerca a nosotros,