El coche de mis tíos bajaba por la carretera muy lentamente. Por precaución, mi tío Pepe había esperado hasta las doce del mediodía para partir, para evitar más que nada las zonas sombrías plagadas de hielo, que posiblemente inundaban el camino a primeras horas de la mañana.
Susana no había acabado de cantar el «Noche de paz», que era el villancico que seguía al «Campana sobre campana», había quedado interrumpido por mi conversación con Toni, que me había dejado profundamente alterada.
Aunque T