Mi tía Nicolasa, la hermana menor de mi padre, y mi tío Roberto, su marido, son los primeros en llegar. Mi tía Nicolasa entra en la cocina, donde mi madre y yo estamos todavía acabando de cocinar.
―Voy a ser abuela ―anuncia al entrar, pero su voz lejos de mostrar felicidad suena a irritada.
―Felicidades ―le dice mi madre.
―Hola, tía, Mónica estará contentísima ―le digo.
―¿Mónica? Ay, si fuera de ella el embarazo ―empieza―. Supongo que estaría contenta, a pesar de que viva en pecado con Javier,