Estoy en una sala sin ventanas, en la comisaría de la policía, lugar en donde nunca he estado, y mi cabeza se ha parado del impacto. Otro hombre con los ojos grises y fríos me interroga:
―¿De qué conocía a Luz Casas Ribes?
―Trabajé hace un tiempo con ella en la academia donde trabajo.
―¿Qué relación tenían?
―Solo trabajamos durante tres días. Más bien muy poca.
―¿Cuándo la vio por última vez?
―El día en que se le acabó el contrato de modelo. Hará unos dos o tres meses.
―¡Miente! ―me dice el pol