Salgo de la academia y, frente a la puerta, puedo ver la figura de Nacho. Pestañeo varias veces por si se trata de una alucinación. Él se me acerca con pasos seguros. Su cara está bastante seria, y mi corazón se desboca cuando oigo que me dice:
―Elisa, he venido a hablar contigo. ¿Tienes un momento?
Mi cabeza asiente, un movimiento involuntario, que me ha surgido, pues no me salen las palabras ya que mi garganta se ha secado completamente.
―Ven, iremos aquí. ―Y me señala el bar que es dónde su