El sol ya había caído, pero la tensión en el aire parecía no disiparse. La cueva, que en algún momento se había sentido como un refugio, ahora era el centro de una maraña de traiciones y estrategias que amenazaban con desbordarse en cualquier momento. Sofía Luján, con su mente agitada, había dado el primer paso para investigar a fondo la red de intrigas que la rodeaba, pero la duda seguía acechando en sus pensamientos. Si quería sobrevivir en este juego, tendría que ser más astuta que nunca.
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