El día amaneció sombrío, con el cielo nublado y la sensación de que algo inminente se cernía sobre la cueva. Sofía despertó temprano, más alerta que nunca, como si cada minuto que pasara sin respuestas fuera una eternidad. El tiempo no se detenía, y cada segundo sin acción acercaba más a la tormenta que había estado anticipando.
La decisión de actuar rápidamente había sido tomada con determinación, pero las dudas seguían rondando en su mente. Mientras se vestía con rapidez, su mirada se posó en