Sofía sintió como si el aire se volviera más espeso a medida que las luces rojas iluminaban la sala en un ritmo frenético. El sonido de las alarmas reverberaba en sus oídos, ahogando cualquier otro pensamiento. Había fallado. Había logrado detener el primer paso de Felipe, pero no sabía que eso solo había sido el comienzo de algo mucho más grande, mucho más peligroso. La verdadera amenaza no estaba en los códigos o las contraseñas que había logrado descifrar, sino en la red global de control qu