La Confrontación
El viento nocturno le golpeó el rostro mientras Sofía corría por las calles oscuras de la ciudad. La adrenalina seguía corriendo por sus venas, pero no podía dejar que la euforia de la huida la cegara. Sabía que estaba siendo perseguida, y que si no encontraba una forma de ocultarse o de planear su próximo movimiento, todo habría sido en vano. Helena había dado la orden, y la rapidez con la que los hombres de Felipe habían reaccionado le mostraba lo bien que ella había preparado cada paso de su