El silencio que siguió a las palabras de Caelan parecía tener peso propio. Liria sentía que el aire se había vuelto denso, casi irrespirable, mientras observaba el rostro de su esposo transformarse ante sus ojos. Ya no era el monarca impenetrable, sino un hombre atormentado por fantasmas que nunca habían dejado de perseguirlo.
—Serelis llegó a Norvhar como tú —comenzó Caelan con voz ronca, mirando hacia las llamas danzantes de la chimenea—. Una extranjera, una forastera. Pero a diferencia de ti