La cabaña del lago se alzaba entre los pinos como un fantasma de madera y piedra. El silencio aquí no era vacío; era denso, cargado con el murmullo del agua chocando contra el muelle viejo y el susurro del viento entre las ramas. Sofía entró con cuidado, su linterna cortando la penumbra que olía a polvo, cedro y a una infancia que se sentía como si perteneciera a otra persona.
No encendió las luces principales. Se dirigió directamente a la chimenea de piedra y, con manos que todavía temblaban u