El jardín de la Familia Imperial, que alguna vez fue un ejemplo de simetría botánica y orden aristocrático, se había transformado en un laberinto de sombras y amenazas. La lluvia, ahora convertida en un aguacero torrencial, golpeaba las hojas de los setos de boj con un sonido rítmico que ocultaba, a medias, el estruendo de las sirenas y el zumbido de los drones que sobrevolaban la propiedad.
Elliot avanzaba encorvado, con el brazo de Eric rodeando su cuello. Sentía el peso del heredero como una