El mundo se volvió blanco.
No fue un sonido lo primero que percibió Sofía, sino una onda expansiva que le vació los pulmones y la lanzó de espaldas contra las maderas crujientes del muelle inferior. Un milisegundo después, el rugido de la estación de bombeo al estallar desgarró la noche. El fuego, una columna de naranja furioso, desafió a la lluvia torrencial, iluminando el lago con una luz sobrenatural y macabra.
Sofía se quedó inmóvil, con el rostro pegado a las tablas húmedas, mientras trozo