El búnker de Arthur Imperial, diseñado para resistir un ataque nuclear y el colapso de las civilizaciones, no pudo resistir un simple poema de código escrito con rabia y esperanza. En las pantallas de obsidiana que rodeaban al patriarca, los gráficos de poder y los saldos bancarios de la familia no bajaban a cero; estaban siendo reemplazados por una cascada de rostros. Eran las víctimas del Código del Desprecio, las familias arruinadas, los ingenieros silenciados, los secretos enterrados.
Arthu