El trayecto hacia el norte fue un desfile de paisajes que Sofía sentía como si viera por primera vez. El asfalto, antes una pista de carreras para escapar de la muerte, ahora era simplemente el camino a casa. El Jeep de Elliot avanzaba con un ronroneo constante, devorando kilómetros de una carretera escoltada por montañas que empezaban a vestirse con la niebla del atardecer.
Elliot conducía con una mano, la derecha, mientras la izquierda descansaba en un cabestrillo improvisado sobre su regazo.