El aire en la habitación del motel "El Descanso del Viajero" olía a cigarrillo viejo y a la humedad que se filtraba por las paredes desconchadas. Era el lugar perfecto para desaparecer: un rincón donde nadie hacía preguntas y donde el parpadeo constante de un cartel de neón rosa era la única compañía.
Sofía estaba sentada en el borde de la cama, con la laptop sobre sus rodillas y el pendrive de Eric conectado. Había pasado las últimas tres horas rompiendo las capas de cifrado de su padre que Ar