Sofía retrocedió un paso, con la mochila al hombro y el corazón martilleando contra sus costillas. La voz de Eric al otro lado de la puerta era una mezcla de súplica y urgencia, pero para ella, ahora sonaba como el canto de una sirena antes de estrellarse contra las rocas.
—¡Sofía, abre! ¡No hay tiempo! —insistió Eric, golpeando la madera con desesperación—. Julia sabe dónde estás. ¡Marcus viene hacia aquí!
Sofía miró la ventana. Estaba a punto de saltar hacia la lluvia cuando el sonido de unos