El silencio en la clínica clandestina solo era interrumpido por el tecleo frenético de Sofía. Estaba sentada en un taburete metálico, con la laptop apoyada en una mesa de sutura, mientras Leo vigilaba la frecuencia de radio de la policía. Elliot seguía en un sueño profundo inducido por los fármacos, ajeno a la tormenta que estaba a punto de desatarse.
—Sofía, si haces esto, le darás a Julia la ubicación del servidor espejo en menos de diez minutos —advirtió Leo, sin apartar la vista de los moni