NOAH ALBERTI
Estaba por entrar a la mansión cuando escuché una voz gritar mi nombre como si estuviera invocando a un demonio.
—¡NOAHHHHHH!
Cerré los ojos y me volví y allí estaba.
Kiara.
Descalza, en pijama, el cabello revuelto y con cara de me vas a explicar ahora mismo por qué carajos te fuiste a las tres de la mañana sin avisar.
—Hola, amor —dije, con la voz más calmada que encontré en medio del desastre.
—¿Dónde estuviste? ¿Por qué no me avisaste? ¿Te parece normal desaparecer así?
—Lucien