LUCY MORETTI
Bajaba por las escaleras de la biblioteca con calma, repasando mentalmente la lista de tareas que tenía que entregar.
Pero entonces lo vi.
A él.
Agus estaba abajo, en el pasillo vacío, con una bolsita de papel en las manos y esa sonrisa nerviosa que solo me mostraba a mí.
Me detuve un segundo a admirarlo.
Camiseta gris, jeans, cabello ligeramente alborotado.
Hermoso.
Mío.
Cuando me vio, se enderezó, como si hubiera ensayado mil veces ese momento.
—Hola —dijo en voz baja.
—Hola —le