ADELINE DE FILIPPI
La mañana comenzó con el sonido de una campana lejana, algo que jamás había escuchado tan cerca, y con el aroma a café fuerte flotando en el aire. Me estiré lentamente sobre las sábanas de lino blanco y sonreí al notar el brazo de Lucien rodeando mi cintura. Dormía profundamente, con el cabello despeinado y la mandíbula relajada, sin rastro del jefe mafioso que todos temían. En ese momento, solo era mío.
Acaricié su mandibula y besé su pecho, dormir desnudos era un placer que