ADELINE DE FILIPPI
El espejo me devolvía una imagen que aún me costaba aceptar: una versión de mí misma que parecía salida de una revista italiana de moda. Vestido beige entallado, largo hasta las rodillas, chaqueta blanca a juego, tacones finos, cabello suelto con ondas suaves. Lucien había elegido cada pieza. Y lo peor —o lo mejor— es que me quedaban perfectas.
—Estás preciosa —me susurró desde la puerta, con ese acento italiano que me derretía las piernas—. Hoy conocerán a mi mano derecha… y