ANNELISSE DE FILIPPI
Entramos al departamento de Silvano tomados de la mano, como si fuera lo más natural del mundo… y a la vez, sentía mariposas en cada rincón de mi cuerpo. Él abrió la puerta y me dejó pasar primero. El lugar estaba cálido, con una iluminación tenue y una música suave de fondo. Dejamos la maleta en el auto y subí con un pequeño bolso con lo justo y necesario para la noche, un pijama y ropa de cambio.
—Vamos pequeña, ve a cambiarte ropa, debemos dormir, mañana viajamos tempran