ASHER WILSON
Esa tarde en la pastelería terminó con un café, una sonrisa tímida… y mis manos llenas de harina.
Clara.
Ese nombre empezó a flotar en mi cabeza como una melodía repetida. Era diferente a todo lo que había conocido y, sin embargo, tan familiar.
Me despedí con un gesto torpe, sin saber si quería irme o quedarme allí toda la noche. Ella solo bajó la cabeza y me deseó buenas noches con esa dulzura que parecía no pertenecer a este mundo.
—Señor Asher, espere.
Corrió dentro de la tienda