LUCIEN MORETTI
El aroma a galletas recién horneadas llenaba toda la mansión, envolviendo cada rincón con ese perfume dulce que solo tía Kate sabía crear. Caminé hacia la cocina, siguiendo ese olor con una sonrisa en los labios, sabiendo perfectamente lo que encontraría: caos, risas y la calidez del hogar.
Apenas crucé el umbral, vi a Addy con harina en el cabello, sonriendo como cuando éramos niños. Me acerqué para ser parte del caos familiar. Ella me lanzó una mirada acusadora justo en el mome