Una noche con él.
CARLA MORELOS
Caminé el pasillo largo con paso lento. La casa, a medianoche, suena distinta: ya no hay risas ni platos, solo botas en guardia y radios tímidas. Mañana —la palabra flotó— sería la parte que siempre odio y siempre acepto: salir del cristal y pisar el concreto. Yo me quedaría en nodos, apoyando; pero Damian no. Damian Medici no se queda. Sale al campo.
Sentí el corazón apretarse con una molestia leve y obstinada. Él es acero. Y aun así…
Entré a mi habitación, dejé el portátil en el