El sol de media mañana se colaba por los enormes ventanales de la oficina donde trabajaba Kate.
Los teclados resonaban suavemente, las voces eran bajas, profesionales.
Todo parecía normal.
Kate, sentada en su escritorio, sonreía mientras revisaba unos diseños.
Su embarazo no le impedía seguir con su pasión, aunque Bastien había impuesto una sola condición:
Joel, su guardaespaldas personal y de confianza, estaría pegado a ella como una sombra.
Joel, de traje impecable y mirada de halcón, vigilab