Se viene su venganza.
JOSH MEDICCI
La acompañé hasta su habitación en silencio. Después de lo que descargó en el gimnasio, su respiración se había calmado, pero sus ojos aún estaban hinchados. No dijo una palabra mientras cruzábamos el pasillo. Tampoco lo esperaba. A veces, el silencio cura más que cualquier discurso.
Abrió la puerta y entró.
El desastre era… absoluto.
Almohadas por el suelo. Ropa tirada por todos lados. Zapatos esparcidos como si hubiera caído una bomba. Su explosión de rabia había sido literal.
Ma