BASTIEN DE FILIPPI
El salón estaba iluminado con luces cálidas, reflejándose en los candelabros y las flores que cubrían cada mesa. El aire olía a vino, rosas y a la felicidad que se desbordaba de cada sonrisa. Yo estaba sentado al lado de Kate, con su mano entre la mía, viendo cómo mis hijas brillaban en el centro de la pista.
La música comenzó a sonar, lenta, solemne. El primer vals. Y allí estaban: Addy y Lucien, Anny y Silvano. Dos parejas, dos destinos que hoy se unían bajo un mismo techo,