LUCY MORETTI
La tarde empezaba a enfriarse cuando escuché pasos tras de mí.
Me giré pensando que sería Anny o Addy, pero no.
Era papá.
Llevaba las manos en los bolsillos y el ceño un poco más fruncido que de costumbre, pero sus ojos seguían con ese brillo melancólico que solo mostraba cuando estaba a punto de tener una conversación importante.
—¿Puedo hablar contigo, princesa?
Asentí sin decir nada. Dejé el cuaderno sobre la manta y me puse de pie. Sentí su mano tibia rozar mi espalda como cuan