AUGUSTO DE FILIPPI
Algo en mí se negaba a abrir los ojos. El calor bajo las sábanas, la sensación de la piel de Lucy contra la mía, ese aroma a jazmín mezclado con su perfume... Quería quedarme así para siempre. Pero extendí la mano para buscarla, atraerla hacia mí, y su lado de la cama estaba vacío. Eso me obligó a despertar.
Parpadeé, y lo primero que vi fue a Lucy. Estaba sentada frente a mí, en una silla, con las piernas cruzadas, usando solo mi camisa azul —que se le deslizaba por un hombr