LUCIEN MORETTI
Su cuerpo temblaba contra el mío.
Estaba asustada, rota, desbordada.
Y aun así… se aferraba a mí como si supiera que, en mis brazos, al menos por ahora, estaba a salvo.
Me arrodillé y la sostuve fuerte. No lo suficiente como para romperla, pero sí lo necesario para que entendiera que no iba a soltarla.
Porque nunca he podido hacerlo.
No importa cuántas veces me rechace.
No importa cuántas veces me mire con rabia o con miedo.
Ella sigue siendo la única razón por la que aún respiro