Mundo ficciónIniciar sesiónMientras tanto, en la oficina de Fabio, su hijo destrozaba las cosas.
—¡¡¡Aaaaaahhhh!!! ¿Cómo es posible que ese imbécil supiera? ¿Cómo la secuestró y tomó su virginidad? ¡¡¡Era mía!!! Yo debía tomarla antes que nadie.
—Vamos, hijo, es solo una mujer, no conviene hacer enojar a Bastien, es poderoso y cruel.
—No tanto como yo.
—Nos pagó 15 millones para que dejemos en paz a esa muchacha, más del doble de lo que tú le pagaste a su madre y tu plan era mostrar cómo nuestros perros adiestrados la violaban, sé que con eso hubieras ganado mucho dinero, ver que unos perros violan a una mujer virgen deja buenos dividendos.
—¡¡¡¡¡Era mía!!!!! ¿Cómo se atrevió ese maldito a quitármela de las manos? La tenía lista, este sábado le quitaría su virginidad, ¿sabes lo difícil que fue encontrarla? Esperé años por ella, cuando supe que era virgen tenía que vengarme ¡Aaaah!
El hombre tiró la silla contra la puerta, totalmente furioso.
—¿Estás seguro de que ya no es virgen?
—Sí, me mostró las fotos, follándola y la sangre que salía después de follarla.
—¡¡¡¡Malditoooo!!!! ¿Cómo puede ser que siempre vaya un paso antes que yo? Esto no se va a quedar así, esa mujer será mía, la haré mi esclava.
—Por favor, hijo, piénsalo, podemos perder todo lo que tenemos por esa perra, ¿estás seguro de querer arriesgarlo todo?
—Claro que vale la pena.
El hijo de Fabio le tiró una foto sobre su escritorio, donde Kate salía de su antigua casa, mientras la otra foto mostraba la marca de nacimiento de Bastien.
—¿Qué significa eso?
—Los he estado siguiendo desde hace mucho, padre, ese maldito Bastien me debe mucho y me lo cobraré con la única mujer que ha sido buena con él, ella debía ser mía, no de él, debía ser mi amiga, no de él cuando éramos niños, no dejaré que Bastien me siga quitando lo que es mío, nunca más.
—Sabes que Bastien es un demonio cruel y sin compasión cuando quiere algo.
—Bastien no me va a ganar, padre, no me va a ganar, tengo algo a favor, yo soy un dulce encanto y no me rendiré.
Una sonrisa macabra adornaba ese hermoso rostro que solo mostraba la maldad pura.
En la mansión, Kate despertaba de su sueño, siempre era el mismo, ese hombre la besaba y susurraba palabras de amor. Pisó con su pie herido, se dio cuenta de que ya no dolía. Miró por la ventana y vio a Bastien nadando en la piscina, su cuerpo era atlético y musculoso, tenía un tatuaje que cubría su espalda, lograba notar un ángel, era muy atractivo y varonil. Kate se descubrió mordiendo su labio mientras lo miraba, solo en traje de baño. Bastien salió de la piscina y se sentó en la orilla. Kate podía ver su abdomen marcado mientras acariciaba su muñeca con su dedo y lo miraba con tristeza.
—¿Qué es lo que ocultas, Bastien?
Kate suspiró y luego se cambió de ropa y se puso un vestido, con unas sandalias. Bajó lentamente las escaleras, la mesa estaba servida, había leche, cereal, fruta. Bastien salía de la cocina con una sartén con huevos, su pelo estaba mojado, usaba una camisa blanca arremangada y unos pantalones de traje. Levantó la mirada y se encontró con los ojos de Kate.
—Bajaste… —susurró— siéntate, está servido.
Kate avanzó lento por la molestia de su pie y se sentó. Bastien volvió a la cocina con un botiquín, se arrodilló y tomó su pie.
—No es necesario, suéltame.
—Debo revisar la herida.
—¡Te dije que no!
—¡Te dije que sí! ¡Obedece!
Bastien tomó su pie con fuerza y sacó la sandalia, sacó el parche y aplicó alcohol.
—¡¡¡Ay!!!
—¿Aún duele?
—¡No, sabes que me gusta gritar para desestresarme!
Bastien esbozó una sonrisa ante su comentario sarcástico, volvió a aplicar alcohol y sopló.
—Aaayyyy…
Kate se quejó bajito.
—Debes mantenerlo limpio para que no se infecte, ¿tomaste los antibióticos?
—Sí.
—Perfecto, debes comer ahora, o te harán daño al estómago.
—¿Lo cocinaste tú?
—Así es.
Bastien puso un nuevo parche después de curar su pie.
—Solo cocino para mí, pero ahora cociné para los dos.
—¿Por qué?
—En este mundo jamás debes confiar en nadie, menos si son alimentos, te pueden drogar y envenenar.
—Pero tienes suficientes hombres que te cuidan.
—Lo sé, pero el dinero puede hacer que hasta tu perro te traicione.
—Señor Bastien.
Llegó Lucca con unos documentos.
—No ves que estoy ocupado.
—Señor, es importante.
Los ojos color miel se clavaron en el pobre hombre, quien miró asustado, luego miró a Kate pidiendo auxilio.
—Ya está listo, atiende al señor Lucca.
Bastien miró a Kate y automáticamente su mirada se suavizó, se puso de pie y se sentó en la cabecera. Lucca le dijo “gracias” en silencio a Kate y le entregó la carpeta a Bastien.
—¿Cuándo fue esto?
—Hoy en la mañana, señor.
—¿Qué hicieron?
—Lo de siempre.
—Ok, vacíalos y envía un mensaje.
—Sí, señor, permiso, señorita, buen día.
Lucca saludó y se fue.
—Es segunda vez que te escucho decir “vacíalos”, ¿qué quiere decir?
—Es algo que no puedes saber, come.
—Aish…
Kate tomó un poco de fruta, leche y una tostada con huevo.
—Eres un déspota.
—Eso me mantiene vivo, Kate. Si fuera amable, hace mucho estaría muerto y no tendría lo que tengo ahora.
El celular de Bastien sonó.
—Aló, sí, dos cargamentos totalmente sanos y compatibles, si no veo esos ceros en mi cuenta se lo daré a los perros. No me gusta esperar, y no soy una buena persona que hace favores. Adiós.
Bastien cortó la llamada y sonó una notificación del banco, volvió a llamar.
—Aló, Lucca, entrega el pedido, ya está cancelado.
Cortó y siguió comiendo.
—¿Por qué no puedes decir por favor y gracias?
—Porque les pago para que hagan un trabajo, no me hacen ningún favor.
—¿Por qué eres tan amargado? Eres joven, deberías ser más feliz.
Bastien miró a Kate con sus penetrantes ojos color miel, un escalofrío recorrió su columna.
—Una vez fui feliz, y me lo arrebataron, en ese tiempo no tenía poder para pelear ni defenderme, ese día prometí que jamás dejaría que me arrebataran nada, ni a nadie.
—Entonces hay una mujer.
—La única mujer que fue amable conmigo y me obligaron a abandonarla.
—¿Por qué no la buscas?
—Porque me odia.
Bastien bajó la mirada a su plato, comiendo su desayuno.
—Basta de preguntas, come.
—Eres desagradable.
Kate cortó la conversación y comió en silencio. Bastien la miraba comer y sus ojos se suavizaban al verla. Un mechón cayó por su cara y Bastien lo quitó. Kate se alejó.
—No me toques.
La mano de Bastien quedó en el aire y volvió a comer.
—Cuando termines necesito que me acompañes.
—¿Dónde?
—Lo verás cuando llegues.
Al terminar el desayuno, Kate se puso de pie y dijo gracias. Bastien asintió.
Al levantarse pasó a llevar su muñeca, dejando caer la pulsera de cuero que siempre usaba. Kate por un momento pareció ver una media luna en su muñeca, como su amigo de infancia, pero negó, no podía ser real, debió haber visto mal, fue solo una fracción de segundos. Bastien se cubrió la muñeca instintivamente y volvió a poner su pulsera.
—¿Tienes un tatuaje?
—Tengo muchos tatuajes, Kate. Vamos.
—No soy una empleada para que me ordenes, Bastien.
Bastien suspiró y se masajeó la sien.
—¿Puedes venir, por favor?
Kate siguió a regañadientes a Bastien mientras la imagen de esa marca seguía rondando en su cabeza.







