Nadie puede hacerme caer de rodillas, excepto tú.
ANNELISSE DE FILIPPI
Entré a mi habitación con la sonrisa más traviesa que podía tener en el rostro. De esas que no se esconden, que brillan solas. El aire olía a venganza cumplida… y éxito viral.
—Dios, qué día más hermoso.
Iba a dejarme caer sobre la cama cuando lo vi Salir del baño.
Cabello húmedo. Piel aún perlada por el agua. Solo una toalla colgando de su cadera.
Silvano.
Y yo ahí, como si nada. Pero con los ojos recorriéndolo con el descaro de quien ya lo ha visto todo… y quiere volver a