MATTEO RUSSO
El dolor me consumía, profundo, desgarrador. Estaba colgando de mis brazos, los músculos tensos y las muñecas cortadas por las cuerdas que me mantenían suspendido. El único sonido en el oscuro y frío almacén era mi respiración entrecortada, el eco de mis latidos resonando en mis oídos. La luz tenue que provenía de una lámpara parpadeante iluminaba parcialmente mi rostro, pero no me podía permitir parpadear, no cuando sabía que Él estaba observando cada uno de mis movimientos, espera