SILVANO DE SANTIS
Mi departamento estaba en silencio, solo interrumpido por el sonido del reloj marcando las ocho de la noche. Había preparado todo: comida en la mesa, sillones amplios, espacio suficiente para que todos estuviéramos cómodos. Pero lo que no podía preparar era el nudo en mi garganta.
Anny estaba sentada a mi lado, con su mano entrelazada en la mía. Kiara se acomodaba con Noah en el otro sofá, mientras Mily se apoyaba en el pecho de Paolo, como buscando seguridad incluso antes de