La seguridad de sus brazos.
La mañana había llegado y un rayo de sol tímido se filtró entre las cortinas, acariciando suavemente la piel de Kate.
Su cuerpo se movió despacio entre las sábanas de lino blanco, cálidas aún por la figura a su lado.
Parpadeó con lentitud, sus pestañas temblando antes de abrir los ojos.
Y lo primero que vio... fue él. Su Bastien, ella sonrió, amaba despertar y que él fuera lo primero que viera.
Ahí estaba, recostado de lado, a torso desnudo solo con su pantalón de pijama como dormía cada noche,