Había pasado el día. Los hombres de Bastien lo cambiaron a su habitación. Kate estaba en la cocina preparando galletas. La casa estaba inundada por el dulce aroma de galletas recién horneadas. Lucca llegó a la cocina.
—Señorita…
—Lucca, ¿quieres una?
—Sí, por supuesto. —Kate saca una bandeja enorme llena de galletas, las pone en unos pocillos y le da una.
—Estas galletas eran las que yo preparaba para Bastien cuando éramos niños. —Kate las ordenaba.
—Sí, lo sé, el señor siempre hablaba de ellas