BASTIEN DE FILIPPI
Kate cerró la puerta con delicadeza. Caminó con esa calma suya que normalmente adoro… pero esta vez, me puso nervioso.
—¿Y bien? —le pregunté, cruzando los brazos frente a la chimenea.
—¿Y bien qué? —respondió con su voz tranquila.
—Kate… ¿qué viste?
Me miró. Ladeó la cabeza. Esa expresión de “sé más de lo que te conviene”.
—Addy estaba en la habitación de Lucien.
Me tensé. Completamente.
—¿Qué hacían?
—Hablaban.
—¿Solo hablaban?
Dudó un segundo.
Un segundo fue todo lo que ne