MATTEO RUSSO
El teléfono sonó justo cuando estaba cerrando la laptop.
—¿Todo salió bien? —pregunté antes de que el idiota del otro lado pudiera respirar.
Silencio.
—Contéstame, Danniel. ¿Esteban está bien?
—Sí, jefe… pero el plan… el plan se fue a la MlERDA.
—¿Cómo que se fue a la MlERDA?
—Uno de los nuestros está muerto.
Sentí el silencio helarme la nuca.
—¿Qué dijiste?
—¡Está muerto! la chica que íbamos a secuestrar le voló la cabeza de un disparo. Ni siquiera dudó. Sacó un arma de su mochila