Luna
El beso se fue profundizando despacio. Sus manos bajaron a mis muslos y, de un impulso, me levantó como si no pesara nada, llevándome directo a la habitación.
El lugar era tan bonito como el resto del apartamento: cama enorme, sábana blanca, luz tenue que venía de la ventana. Me acostó con cuidado, los ojos fijos en los míos, y fue quitándose el resto de la ropa sin prisa.
Yo solo observaba.
Ese hombre era un misterio andante. Pero cuando me miraba de esa manera… era como si todo tuviera s