Luna
Ya eran casi las once de la noche y yo estaba allí, apoyada en el portón, con la copa en la mano y la paciencia casi agotándose. El vestido pegado al cuerpo como una segunda piel, ese escote y recorte en medio de la barriga dejando poco a la imaginación. La sandalia de tiras finas apretaba el pie, pero valía el esfuerzo. Estaba lista para la fiesta, para el Diablo, para lo que viniera.
La calle estaba tranquila, solo el sonido de los coches pasando allá lejos y el viento frío erizando m