Luna
Más tarde, yo estaba sentada en la punta de la cama de Heloísa, con la pierna cruzada, todavía con la toalla enrollada en el cuerpo, mientras me pasaba iluminador en la clavícula. Su habitación estaba llena de sonido, olor a laca en el aire y risas esparcidas por cada rincón. Tatiana ya había terminado el maquillaje y estaba frente al espejo, echando el cabello hacia un lado y admirando el resultado.
—Hermana… mira este maquillaje, ¡estoy escandalosa! —dijo Tatiana.
—Vas más arreglada que