Luna
Di dos pasos más y sentí la mirada del Diablo bajar por mi cuerpo, lenta, evaluativa, como si yo fuera un negocio que estaba a punto de adquirir. Él no dijo una palabra. Solo sostuvo a su hijo con más firmeza, como si me desafiara con el silencio. Yo sonreí de lado, desafiando de vuelta. No tenía idea de quién era ese niño… pero algo en ese momento me oprimió el pecho sin explicación.
Heloísa apareció detrás de mí con Tatiana, toda animada.
—Mamá, ya nos vamos, ¿sí? —dijo Heloísa.
Y fue so