Luna
El sol todavía estaba alto cuando bajamos a la playa. Yo, Tatiana y Heloísa —el trío que hacía ruido por donde pasaba. El mar golpeaba calmo, y el viento traía ese olor a sal mezclado con fritura de los puestitos. Cosa de playa.
Extendimos nuestras toallas cerca de las rocas, donde se podía ver el paseo marítimo allá arriba y el movimiento nocturno empezando a formarse despacio. Los vendedores ambulantes ya preparaban sus carritos, los primeros cuerpos comenzaban a ocupar la arena.
—Hoy va